Más allá del ‘depende’: aprendizajes desde China sobre la lucha contra la pobreza
Frida Conislla
Estudiante de Economía – Universidad del Pacífico
Desde que tengo memoria, siempre me ha gustado la palabra “depende”. Creía que me daba más perspectivas, pero con el tiempo entendí que, en el fondo, era una forma de no elegir porque siempre había un “pero” que me limitaba. Sin embargo, hay realidades que no admiten el “depende” y la pobreza es una de ellas. No solo la falta de recursos, sino la falta de oportunidades: esa versión de la vida que no nos deja ver más allá.
Cuando apareció la oportunidad de postular al China–Latin America Youth Challenge to Alleviate Poverty, sentí que algo se movía. Conocí el programa gracias a mi mentora, Nifta Lau, del CECHAP, quien nos invitó a un kick-off. La posibilidad de viajar a China me parecía tan lejana que la guardé en un cajón mental y seguí con mi rutina. Sin embargo, un mensaje cambió todo y así conocí a un equipo diverso, con visiones de la vida distintas a la mía. Esa diversidad terminó siendo nuestra mayor fortaleza.
El programa, impulsado por la Universidad de Tsinghua, buscaba reunir a jóvenes de América Latina y China para diseñar soluciones innovadoras frente a la pobreza multidimensional. Participaron estudiantes de distintas universidades de la región, incluida la nuestra. La experiencia tuvo dos etapas: una en Santiago de Chile, donde obtuvimos el segundo lugar, y una segunda fase que consistió en un viaje a China con todos los gastos cubiertos. Ese viaje cambió mi forma de entender el mundo.
Llegar a Beijing fue como aterrizar en otro planeta. Durante dos semanas fuimos recibidos por la Universidad de Tsinghua, una de las más prestigiosas del mundo. Más allá de las instalaciones, me marcó la calidez con la que nos acogieron. El viaje no fue solo aprendizaje técnico. Hubo momentos cotidianos como usar aplicaciones móviles para pagar en cualquier tienda o familiarizarme con las rutas del metro, probar sabores completamente nuevos y saber que podía manejar los palillos. Cada pequeño gesto era un recordatorio de que estaba lejos de casa, pero también de que podía adaptarme.
Al volver, entendí que la experiencia había transformado mi manera de ver la palabra “depende”. Ya no la veo como una excusa para no tomar posición, sino como un llamado a asumir responsabilidad. Todo depende de nuestra capacidad de aprender, de colaborar y de actuar.
La pobreza no se reduce con discursos ambiguos, sino con decisiones concretas y trabajo sostenido. China me mostró que es posible lograr transformaciones profundas cuando existe planificación, compromiso y coordinación. Pero también comprendí que cada país debe encontrar su propio camino. No se trata de copiar modelos, sino de adaptarlos con inteligencia y sensibilidad. Hoy sé que quiero formar parte de ese esfuerzo, quiero contribuir a diseñar políticas y proyectos que amplíen oportunidades reales. Esta experiencia reafirmó mi vocación y mi convicción de que el aprendizaje internacional no es un lujo, sino una herramienta poderosa para ampliar horizontes.
Agradezco profundamente a la Universidad del Pacífico y al CECHAP por brindar esta oportunidad de expandir nuestros horizontes. Gracias por confiar en nosotros y por apostar por espacios que van más allá del aula. Viajar a China no solo amplió mi mirada profesional; transformó mi forma de entender el compromiso. Porque frente a la pobreza, ya no cabe el “depende”, solo se debe actuar.







